Huacho Díaz rompe su promesa política antes de tiempo con Rogerio Castro

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— En política, dicen, no hay traiciones, solo acuerdos que se vencen. Y si alguien acaba de comprobar la fecha de caducidad de los compromisos internos es Rogerio Castro Vázquez, quien pasó de operador estrella en la delegación del Bienestar a espectador de lujo en la banca política.

Su salida no solo implica un relevo administrativo: representa el rompimiento definitivo con quien fuera su aliado y beneficiario político en más de una ocasión, el hoy gobernador Joaquín “Huacho” Díaz Mena.

La pregunta que flota en el ambiente es inevitable: ¿qué pasó con aquella promesa no escrita —pero ampliamente comentada— de que en 2030 tocaría el turno de Rogerio?

Dos veces cedió… la tercera no llegó

Castro Vázquez declinó en dos ocasiones sus aspiraciones a la gubernatura para respaldar a Díaz Mena. Hubo abrazos, elogios, discursos de unidad y fotografías que hablaban de lealtad inquebrantable.

Pero en la política local, la gratitud suele durar menos que una campaña electoral.

No hubo tercera oportunidad. Esta vez, al exdelegado no solo le cerraron la puerta, sino que le apagaron la luz de la oficina. La salida del Bienestar lo deja sin estructura territorial, sin operadoras y sin el contacto directo con los beneficiarios de programas sociales que, en términos prácticos, representan músculo político rumbo al 2027 y, claro, al codiciado 2030.

El Bienestar: la joya de la corona

No es un secreto que la delegación del Bienestar es una de las posiciones más estratégicas en cualquier administración federalista. Control territorial, cercanía con comunidades y operación constante. Una plataforma ideal para quien tenga aspiraciones mayores.

Rogerio parecía haber entendido la ruta: seis años de operación social, posicionamiento constante y proyección natural hacia la sucesión. Una fórmula que otros ya recorrieron.

Sin embargo, el libreto cambió. Y rápido.

Fuentes políticas señalan que desde el inicio de la administración estatal existía la intención de colocar en esa dependencia a un perfil de absoluta confianza del gobernador. Pero en su momento, Castro logró quedarse con el espacio.

Hoy, con el “incómodo mariachi” fuera del escenario, el camino queda despejado.