Hace año y medio, en plena efervescencia electoral, los entonces candidatos a diputados federales de Morena recorrían municipios, estrechaban manos, prometían cercanía permanente y juraban —con solemnidad casi épica— que serían distintos a los legisladores del PRI y del PAN. Hoy, la pregunta que resuena en comunidades urbanas y rurales es tan simple como incómoda: ¿dónde están?
Habitantes de diversos municipios señalan que, tras obtener el triunfo en las urnas, los diputados federales prácticamente desaparecieron del radar ciudadano. Aquellas oficinas de enlace que durante campaña parecían brotar en cada colonia hoy lucen cerradas, mudas o convertidas en espacios fantasma donde nadie sabe informar nada… salvo quizá la próxima elección.
Promesas recicladas, resultados invisibles
Durante las campañas, el discurso fue claro: habría una nueva forma de hacer política, cercana a la gente, austera y distinta a las “viejas prácticas”. Sin embargo, muchos ciudadanos consideran que el resultado ha sido inquietantemente familiar: escasa presencia territorial, poca rendición de cuentas y una comunicación limitada a publicaciones cuidadosamente filtradas en redes sociales.
“Dijeron que serían diferentes, pero se volvieron iguales… o más lejanos”, comenta un vecino del interior del estado, quien recuerda que los ahora legisladores prometieron regresar periódicamente a escuchar a la población. Al parecer, ese calendario de visitas quedó archivado junto con los volantes de campaña.
La cercanía… en modo avión
En comunidades con rezagos en infraestructura, salud o seguridad, la ausencia se percibe con mayor intensidad. Líderes sociales señalan que, cuando se trata de gestionar recursos federales o canalizar demandas, resulta difícil identificar a quién acudir. Paradójicamente, la representación popular —al menos en teoría— consiste justamente en eso: representar.
Mientras tanto, los informes legislativos suelen destacar iniciativas, votaciones y posicionamientos en la Cámara de Diputados, pero pocas veces explican cómo esas acciones se traducen en beneficios tangibles para Yucatán. La política nacional avanza; la conexión local, no tanto.
¿Cambio de partido o continuidad de costumbres?
La narrativa de ruptura con el pasado fue uno de los pilares del triunfo electoral. No obstante, para muchos ciudadanos, la experiencia posterior ha reforzado la sensación de que los colores partidistas cambian más rápido que las prácticas políticas.
La crítica recurrente no es solo la ausencia física, sino la percepción de que el contacto con la ciudadanía se activa únicamente cuando se aproximan procesos electorales. Es decir, la política de proximidad funciona… pero con temporizador.
El silencio también comunica
En política, la falta de presencia no es neutral: también envía un mensaje. Para algunos analistas, el vacío territorial puede interpretarse como confianza excesiva en la popularidad de la marca partidista o como cálculo estratégico para evitar desgaste en temas locales complejos.
Sin embargo, para la población, la interpretación es mucho más sencilla: si no se ve al representante, difícilmente se siente representada.
Una pregunta que sigue abierta
A mitad del periodo legislativo, la interrogante inicial permanece sin respuesta clara. Los ciudadanos que escucharon promesas de transformación esperan, al menos, señales de que no fueron solo palabras de campaña.
Porque al final, la política no se mide por discursos del pasado, sino por presencia en el presente. Y en Yucatán, muchos aseguran que esa presencia —la que prometía ser distinta— sigue sin aparecer.



